Las Drogas Dulces
Imaginemos una droga que no es inyectada, fumada o inhalada; de fácil
acceso para niños y adultos; que se encuentra en productos de consumo
diario, como alimentos y bebidas de venta en supermercados; cuyo consumo
no es regulado pese a los graves problemas de salud que genera. Parece
increíble que exista, pero así es, su nombre: azúcar.
En los últimos años la comunidad científica ha llamado la atención
acerca de la elevada ingesta de alimentos y bebidas ricos en azúcares,
en razón de los efectos dañinos que genera en nuestro organismo dicha
práctica, pues se le asocia con diversas padecimientos como: obesidad,
diabetes mellitus tipo 2, síndrome metabólico, hipertensión
arterial, enfermedad coronaria isquémica, ciertos tipos de cáncer, así
como bulimia, depresión y ansiedad.
Durante los pasados veinte años el consumo de bebidas carbonatadas se
ha incrementado considerablemente, en todas las edades. La preferencia
por esta clase de bebidas se debe a la sensación agradable que generan
los ingredientes utilizados en su elaboración, los cuales tienden a
provocar adicción en los consumidores.
En la actualidad México ocupa el
primer lugar a nivel mundial en consumo per cápita de refrescos (163
litros de refresco en un año, lo que equivale a beber al día 466
mililitros, o 1.3 latas de 355 mililitros, reflejando un consumo total
de 459 latas al año).
Este nada honroso primer lugar constituye un problema de interés
social debido a que trae aparejado un aumento en años recientes en la
incidencia de sobrepeso y obesidad en la población de nuestro país. De
acuerdo con resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición
2016, 36.3% de los adolescentes y 72.5% de los adultos tienen sobrepeso u
obesidad, cifras que representan un incremento de 1.4 y 1.3%,
respectivamente, del 2012 al 2016.



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